LA HISTORIA LINGÜÍSTICA DEL AYMARA

 
   1. La distribución prehistórica del aymara.  
   2. Aymara como la “lengua secreta” de los inkas.  
   3. Los motores de la expansión del aymara.  
   4. Las influencias del aymara en el castellano andino.  
   5. Los posibles orígenes del aymara.  
   6. Los aymaras y la civilización de Tiwanaku.  
 7. Los llacuaces, los huari y los aymara.
   

 

       

En los primeros años del siglo XX, sabemos que las lenguas aymaras tuvieron una distribución mucho más amplia e incluía por lo menos Canta al norte de Lima, otros pueblos del valle de Yauyos y una parte de la provincia de Huarochirí.

   

1. La distribución prehistórica del aymara

       

Adelaar

Mapa: Distribución de las lenguas aymaras (y uru-chipayas) Adelaar y Muyksen (2004: 260, Mapa 6).

La evidencia arqueológica y lingüística (de topónimos y también según los relatos de los cronistas españoles) señala una distribución aún mayor de la familia lingüística aymara en tiempos prehistóricos, desde las alturas de Lima hacia Ancash en el norte (y así tal vez a una relación con la cultura de Chavín), en partes de la costa del Perú actual, en la región de Cusco (donde la palabra “Qhusqu” es aymara) y Apurímac (que incluye la provincia de Aymaraes), en toda la parte meridional de Perú y hacia el sur de la Bolivia andina actual.

 

   

2. Aymara como la “lengua secreta” de los inkas

       
Aguayo

Túnica incaica
www.lablaa.org
John Weinstein, © The Field Museum Inca (AD 1400-1532), Región de Lima, Perú.

Varias fuentes proponen además que las élites incaicas hablaban una forma de aymara (con algunas influencias de pukina también) como su “lengua secreta” (ver Cerrón 1999, 2004; Torero 1994, 2002: 141-6). Un canto recogido por Betanzos en esta lengua se caracteriza por una mezcla de aymara y posiblemente pukina.

1

Inqa Yupanki,

Ynga Yupangui,

Inca Yupanqui,

2

inti-na yuqa.

indin yuca.

hijo del sol.

3

Suraya marka

Sulay malka

A los soras

4

chimpu-ra-ya-i,

chimbulayi,

les puso borlas;

5

suraya marka

sulay malka

a los soras

6

aqsu-ra-ya-i.

axculayi.

les puso sayas.

7

Ha, way, way;

¡Ha, waya waya;

¡Tanarara,

8

ha, way, way.

ha, waya, waya!

tanarara!

Versión de Cerrón Palomino archivo revistandina.perucultural.org.pe, con una transcripción actualizada abajo:

Inka Yupanki, intin yuqa,

Inka Yupanki, hijo del sol,

Sulay malka, chimpulayi,     

A los soras les puso borlas

Sulay malka, axsulayi.

A los soras les puso sayas

Ha, waya waya, ha, waya, waya!

¡Ah, waya waya, Ah, waya, waya!

   

3. Los motores de la expansión del aymara

       

Heggarty

Figura de Heggarty (2008: 44, Fig. 4) del grado de diferencia entre 20 variantes de quechua y aymara en un listado de 150 palabras básicas, representado en NeighborNet y basado en la cuantificación de su divergencia en semántica lexical.

Entonces, una pregunta pendiente para los nuevos estudios de la lingüística histórica busca los factores en juego o “motores” relevantes en la expansión prehistórica del aymara (que ha podido reeemplazar otras lenguas, sobre todo la pukina en la región lacustre y el sur), como también por la reducción prehistórica e histórica del territorio actual donde se habla aymara (Heggarty 2008). La respuesta a esta pregunta debe recurrir también a la historia de la familia lingüística quechua, puesto que a menudo el desarrollo territorial del aymara ha sido seguido prontamente por el desarrollo del quechua, y de esta manera sus historias ha sido sumamente interrelacionadas.

De hecho, otro tema de debate en la lingüística histórica andina ha sido la relación genética entre aymara y quechua. A pesar de la teoría sobre un posible proto-lengua en común: el llamado “quechumara” (Cerrón 1994), la evidencia actual refuerza más una teoría de convergencia, donde se plantea que los aspectos similares --en los sistemas fonológicos y gramaticales-- se deben a la coexistencia por siglos (hasta milenios) entre ambas lenguas. Ver la figura de Heggarty. La convergencia fonológica es más evidente en el área de la aspiración y la globalización. En la gramática, algunos de los sufijos oracionales que son requeridos en aymara pasaron al quechua como opcionales.

   

4. Las influencias del aymara en el castellano andino

       

Rieles

Fuente: Rap aymara
http://graphics8.nytimes.com

Otras influencias similares entre quechua y aymara puede observarse en el castellano andino, por ejemplo en nops- (en que n = no pues) y sips (en que s-= sí pues), en que ps juega papel de sufijo (ver también Hardman 1985).

Con el contacto histórico entre castellano y las lenguas andinas, hubo influencias por ambas vías, y la variante regional que llamamos “castellano andino” ha sido muy influida por otros rasgos gramaticales de estas lenguas. Las influencias del aymara en el castellano andino, se ven tanto en el léxico (soroche, chaqui, charque, chapaca) como en el uso característico de los tiempos verbales, en que el marcar la fuente de datos y la cuestión del conocimiento personal o no del hablante, es clave (ver además Hardman 1982).

 

 

5. Los posibles orígenes del aymara

       

Dittmar

Dendrograma mostrando las relaciones craneomérricas entre 29 grupos indígenas prehispánicos proceden/es de América del Sur según la distancia de forma de Penrose,

Fuente: Dittmar (1996: 244, Fig. 6).

Hardman

Mapa de la expansión de las lenguas andinas, según la interpretación de Hardman (2007).

En las décadas anteriores, se tuvo un animado debate sobre los orígenes del aymara, desde tres posiciones teóricas. En tanto que Alfredo Torero (1972) y sus seguidores vieron un origen de esta lengua en la parte central del Perú, y por tanto la expansión del aymara desde allí, Teresa Gisbert (1987) y otros, en base a algunos cronistas, plantearon un origen desde el sur (desde la región de Copiapo), con una expansión al norte, en tanto que Lucy Briggs (1994) percibió un patrón de expansión desde el núcleo de Tiwanaku.

Según la mayor parte de los estudios hoy, tanto arqueológicos como lingüísticos, ambas familias de lenguas, quechua y aymara, tienen su origen en una determinada región en común de lla parte central de lo que es actualmente Perú (ver Heggarty 2008). Este sitio fue probablemente en la sierra, aunque Torero y Cerrón favorecen un sitio costeño (Cerrón 2003: 22, Torero 2002: 46). Arqueológicamente se reconoce la posibilidad del origen de ambas lenguas, en una forma pre-proto, sean aymara o quechua, en sitios como Caral-Supe (3000-1600aC) o quizás Chavín (900aC – 200 dC) (Cerrón 2003: 22). Se favorece también los grandes horizontes arqueológicos con su mayor unidad cultural y geográfica, sobre todo el Horizonte temprano, como los motores para la expansión de ambas lenguas. Torero (2002: 126-31) también propone que se hablaba una forma temprana de aymara en sitios costeños como Nasca y Paracas y que desde allí hubo una expansión al norte a la región de yauyos y al sur a la región de Ayacucho.

Sobre todo, es la cultura de Wari (550-1000 dC) en el Horizonte Medio que es la favorita actual entre los estudiosos, desde Torero en adelante, como el motor de la gran expansión del aymara como una lingua franca hacia el norte como hacia el sur. Quizás esta expansión se debe a la influencia de los pastores por excelencia y los guardianes de las caravanas de llamas que manejaban el comercio entre Wari y sus periferias, proceso que fue seguido por los agricultores quechuas con sus nuevas técnicas de riego y andenes en la producción de maíz. Es tal vez la caída de Wari también que resultó en el ceder del territorio aymara a la llegada del quechua. Cerrón (2000: 294) habla de una tercera expansión de aymara hacia el sur, desplazado por el quechua, en el período Intermedio tardío, desde la región del grupo de los Aymaraes en el Apurímac (que también podría haber dado el nombre aymara), pero no nos da detalles del motor detrás de esta expansión. Con el Horizonte tardío, este efecto intensificó, y con la expansión incaica, el territorio aymara se dividía totalmente en dos, una parte hacia el Norte y otra hacia el sur.

Pero muchos de estos estudios, e incluso los nuevos trabajos sintéticos de Heggarty, asoman el problema de la etnogénesis aymara desde perspectivas muy monolíticas, en que se busca la relación entre una lengua y una cultura, cuando en realidad, es más probable que las sociedades andinas eran multilingües. En algunos estudios recientes desde la arqueología física centrados en la microevolución de poblaciones aymaras, se dan reto a esta perspectiva monolítica. Por ejemplo, en los estudios de Dittmar (1996) y Rothhammer y otros (2004), se comparan los restos de poblaciones cuyos asentamientos están ubicadas en los territorios de los aymara hablantes de hoy, además de las poblaciones aymara hablantes actuales, y se les comparan con otras poblaciones indígenas de Sud Ameríca. Los resultados del análisis de ADN son interesantes, aunque muy preliminares y basado en pocas muestras. Por ejemplo, se indica una gran variación antropológica en las poblaciones aymaras. Dittmar (Ibid.) indica que hubo por lo menos tres oladas de poblaciones que volvían aymara hablantes. Una de ellas venía del Norte, de las tierras altas de la parte central de Perú, para ocupar la cuenca lacustre de Titicaca, aunque los aymaras bolivianos también tienen similitud con algunos pueblos amazónicos. Otra venía del sur, de la región amazónica brasileña, a la región oriental del lago Titicaca. Y la tercera venía del noroeste de Argentina a la región meridional del lago Titicaca. Algunos grupos de aymaras continuaron sus migraciones desde la cuenca lacustre hacia la precordillera y los valles en el norte de lo que ahora es Chile, para entrecasarse con las poblaciones indígenas de la costa y más tarde con los españoles. En los hechos, la estructura genética de las poblaciones chilenas aymara hablantes es muy distinta a aquella de los aymaras de Perú y Bolivia (lo que confirma en Rothhammer y otros, Ibid.), y hay más mestizaje entre ellos. Esta evidencia también sugiere que algunos grupos aymaras entrecasaron con los pobladores de la civilización de Tiwanaku.

Si este nuevo planteamiento arqueológico es correcto, entonces cada grupo de estudiosos con sus teorías distintas sobre el origen del aymara tiene razón. Además, se confirma que los aymaras no eran un tribu en común, sino diversas poblaciones que llegaron a hablar la misma lengua.

   

6. Los aymaras y la civilización de Tiwanaku

       

Maoa

Mapa: La extensión de los imperios Wari y el incaico
(Heggarty 2008: 38, Fig. 2)

Aquel debate es muy pertinente en el contexto de la pertenencia lingüística de los pobladores de Tiwanaku (ca. 200dC-1200dC). Esta civilización se ha asociada tradicionalmente con los aymaras, sobre todo en la opinión de las poblaciones aymara hablantes actuales de la región, pero además por los intereses nacionalistas de los arqueológicos de MNR ligados a la Revolución boliviana de 1953, quienes buscaron fundamentos para plantear un origen nacionalista en común. En contra de esta idea, muchos lingüistas (entre ellos Torero y Cerrón) sostienen que Tiwanaku fue más probablemente pukina hablante, y que sólo en sus últimas etapas contaba con una presencia de poblaciones que hablaron la variante sureña del aymara. Su argumento lingüístico es que los niveles de diversidad de esta variante del aymara son demasiado limitados para justificar una presencia en la región el Altiplano sureño antes del período Intermedio tardío.

Entre muchos historiadores, es también común plantear la idea de que Tawantinsuyu tuvieron orígenes aymaras, que sus ancestros procedían de Titiqaqa y que gente de Tiwanaku, incluso sus picapedreros, fundaron el Cusco. Esta relación entre los supuestos originarios de la tierra y los grupos de invasores posteriores en la región de Cusco, podría haber dado luz a la oposición alcauiza-inca, que menciona Duviols (1997).

Mapa

Mapa: Las posibles secuencias de expansión de las familias lingüísticas aymara y quechua (Heggarty 2008: 47, Fig. 6)

     

7. Los llacuaces, los huari y los aymara

       

Llamas

Foto de ILCA

En todo este escenario prehistórico e histórico, es posible que las diversas poblaciones aymaras, en su condición de pastores de camélidos y guardianes de las caravanas de llamas, jugaban un papel clave en vincular los centros emergentes de comercio con sus periferias. Quizás se trata de una especie de batidor o vanguardia intercultural con la capacidad de mudarse y trasladar los varios bienes con más eficiencia que los agricultores quechuas más sedentarios, todo ello mediante la lengua en común que se aprendían como una especie de lingua franca comercial de la época. Aun así, ambas poblaciones, de pastores y agricultores, eran dependientes mutuamente; el desarrollo de la agricultura andina nunca habría sido posible sin el abono de los animales de las alturas.

¿Cuál era la naturaleza de las relaciones históricas entre estos pastores y agricultores? Se sabe de este tipo de nexo entre poblaciones en las referencias históricas a un fenómeno atribuido al Medio Horizonte: la relación de interdependencia y dualismo, a veces pacífica y otras veces bélica, entre los llacuaces, gente de las alturas, y los huari, gente de los valles (Duviols 1974, 1986). Por ejemplo, referencias de los siglos XVI y XVII mencionan las invasiones de pastores del grupo Yaru hacia las poblaciones quechua hablantes de los valles de Huarochirí, en la sierra de Lima (Arnold y Yapita 2004). Es este escenario, los huaris eran supuestamente herederos de la expansión Wari (sus antiguos pobladores y agricultores) y los Llacuaces, pueblos de pastores de puna provenientes de la sierra central. Estas fuentes históricas acomplejan el escenario lingüístico. En este caso, se supone que los llacuaces eran aymara hablantes y los huari quechuas.

De todos modos, no nos parece útil pensar en las civilizaciones andinas del pasado como si fueran “monolingües”, siguiendo la lógica de las naciones-estados del siglo XIX. Más probablemente los centros administrativos de las civilizaciones andinas tuvieron que manejar simultáneamente poblaciones multilingües, dispersas y variadas, encargadas con el flujo de la producción de los diferentes pisos ecológicos en sus periferias hacia su centro. Este fenómeno también explica la necesidad del grado de contacto entre las diferentes lenguas. Nos lleva nuevamente a la propuesta de Kolata (2004) en torno a Tiwanaku tardío, en que los pukinas (o quechuas) eran los agricultores, los aymaras los pastores y los urus los pescadores de los ríos y áreas lacustres. Quizás en este sentido el aymara como lengua expandió primero en territorios nuevos, seguido por los agricultores de habla quechua.