1. La distribución prehistórica del aymara |
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2. Aymara como la “lengua secreta” de los inkas |
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![]() Túnica incaica |
Varias fuentes proponen además que las élites incaicas hablaban una forma de aymara (con algunas influencias de pukina también) como su “lengua secreta” (ver Cerrón 1999, 2004; Torero 1994, 2002: 141-6). Un canto recogido por Betanzos en esta lengua se caracteriza por una mezcla de aymara y posiblemente pukina.
Versión de Cerrón Palomino archivo revistandina.perucultural.org.pe, con una transcripción actualizada abajo:
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3. Los motores de la expansión del aymara |
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4. Las influencias del aymara en el castellano andino |
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Fuente: Rap aymara |
Otras influencias similares entre quechua y aymara puede observarse en el castellano andino, por ejemplo en nops- (en que n = no pues) y sips (en que s-= sí pues), en que ps juega papel de sufijo (ver también Hardman 1985). Con el contacto histórico entre castellano y las lenguas andinas, hubo influencias por ambas vías, y la variante regional que llamamos “castellano andino” ha sido muy influida por otros rasgos gramaticales de estas lenguas. Las influencias del aymara en el castellano andino, se ven tanto en el léxico (soroche, chaqui, charque, chapaca) como en el uso característico de los tiempos verbales, en que el marcar la fuente de datos y la cuestión del conocimiento personal o no del hablante, es clave (ver además Hardman 1982). |
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5. Los posibles orígenes del aymara |
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6. Los aymaras y la civilización de Tiwanaku |
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7. Los llacuaces, los huari y los aymara |
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Foto de ILCA |
En todo este escenario prehistórico e histórico, es posible que las diversas poblaciones aymaras, en su condición de pastores de camélidos y guardianes de las caravanas de llamas, jugaban un papel clave en vincular los centros emergentes de comercio con sus periferias. Quizás se trata de una especie de batidor o vanguardia intercultural con la capacidad de mudarse y trasladar los varios bienes con más eficiencia que los agricultores quechuas más sedentarios, todo ello mediante la lengua en común que se aprendían como una especie de lingua franca comercial de la época. Aun así, ambas poblaciones, de pastores y agricultores, eran dependientes mutuamente; el desarrollo de la agricultura andina nunca habría sido posible sin el abono de los animales de las alturas. ¿Cuál era la naturaleza de las relaciones históricas entre estos pastores y agricultores? Se sabe de este tipo de nexo entre poblaciones en las referencias históricas a un fenómeno atribuido al Medio Horizonte: la relación de interdependencia y dualismo, a veces pacífica y otras veces bélica, entre los llacuaces, gente de las alturas, y los huari, gente de los valles (Duviols 1974, 1986). Por ejemplo, referencias de los siglos XVI y XVII mencionan las invasiones de pastores del grupo Yaru hacia las poblaciones quechua hablantes de los valles de Huarochirí, en la sierra de Lima (Arnold y Yapita 2004). Es este escenario, los huaris eran supuestamente herederos de la expansión Wari (sus antiguos pobladores y agricultores) y los Llacuaces, pueblos de pastores de puna provenientes de la sierra central. Estas fuentes históricas acomplejan el escenario lingüístico. En este caso, se supone que los llacuaces eran aymara hablantes y los huari quechuas. De todos modos, no nos parece útil pensar en las civilizaciones andinas del pasado como si fueran “monolingües”, siguiendo la lógica de las naciones-estados del siglo XIX. Más probablemente los centros administrativos de las civilizaciones andinas tuvieron que manejar simultáneamente poblaciones multilingües, dispersas y variadas, encargadas con el flujo de la producción de los diferentes pisos ecológicos en sus periferias hacia su centro. Este fenómeno también explica la necesidad del grado de contacto entre las diferentes lenguas. Nos lleva nuevamente a la propuesta de Kolata (2004) en torno a Tiwanaku tardío, en que los pukinas (o quechuas) eran los agricultores, los aymaras los pastores y los urus los pescadores de los ríos y áreas lacustres. Quizás en este sentido el aymara como lengua expandió primero en territorios nuevos, seguido por los agricultores de habla quechua. |